Mujer quiso comprar un cachorro perruno, pero fue engañada por la tienda de mascotas

La mayoría de personas, al menos una vez en sus vidas, ha deseado adoptar a un perro. Lo mismo quería la señora Wang, anhelaba poder adoptar a un perrito, pero quería hallar al can perfecto. Tras un tiempo, quiso comprar un cachorro, pero en lugar de un perrito, le vendieron otro animal.

La señora Wang pasó un largo tiempo buscando a su cachorro perfecto, pero no sentía una conexión especial con ninguno. Visitó refugios, tiendas de mascotas, veía hermosos perros, sin embargo, aún no hallaba al indicado. Ella buscaba a un perrito con el que pudiera sentir una conexión especial de inmediato, y no lo conseguía.

Un buen día, un amigo suyo le platicó sobre una tienda en la que vendían cachorros de Spitz japonés, una raza relativamente nueva. Además, le comentó que los perritos los vendían a un precio bastante accesible en comparación a otras tiendas. La mujer decidió visitar la tienda para ver si hallaba al fin a su perro ideal.

Al llegar a la tienda y ver los cachorros que, se suponían, eran Spitz japoneses, se enamoró de inmediato. Realizó la compra y se fue muy satisfecha a su casa con su nueva mascota. El precio le pareció muy económico, pero no le dio importancia. En la tienda le advirtieron que el pequeño podría comportarse raro, pero que era completamente normal.

Quiso comprar un cachorro, pero le dieron un animal distinto

Al principio, todo iba muy bien con el nuevo cachorro, y la señora Wang no podría estar más contenta. No obstante, después de tres meses, su cachorro dejó de comer las croquetas que solía comer. La mujer pensó que podría haberse cansado del mismo alimento, así que le compró uno distinto, pero ocurrió lo mismo.

Además de eso, notó que su Spitz japonés no había ladrado desde que lo adoptó, su cola era más larga que lo habitual y su pelaje era distinto a lo  que esperaba. Por ello, decidió llevarlo al veterinario. Cuando los médicos lo revisaron, decidieron llamar a un experto del zoológico, quien determinó que el cachorro, en realidad, era un zorro.

Debido a esto, la mujer tuvo que dejar al pequeño zorro el zoológico, pues no podría brindarle la alimentación adecuada ni el ambiente más propicio para su correcto desarrollo. La señora Wang realmente le tenía mucho cariño a su mascota, pero comprendía que no podía ofrecerle todo lo que necesitaba un animal salvaje como ese zorrito.