A esta perra la expulsaron de la CIA porque no le interesaba su trabajo

A pesar de que el mundo vive un momento de convulsión en cuanto a economía y conflictos políticos entre distintos países, hay otros asuntos de importancia en el mundo. Y eso lo sabe a la perfección esta perra Labrador llamada Lulú.

Tal vez fue su abrigo brillante lo que hizo que la historia de Lulú rebotara en internet. Tal vez fueron sus suaves ojos marrones. O tal vez su historia le suene familiar a cualquier persona que haya experimentado el aburrimiento en el lugar de trabajo: Lulú se sometió a un riguroso entrenamiento para un trabajo de rutina diaria y decidió que olfatear bombas no era su vocación.

A las pocas semanas de entrenamiento, Lulú daba los primeros indicios de que no tenía interés alguno en dedicarse a la detección de explosivos. Esto fue lo que explicó la CIA desde su sitio web, al conocerse la noticia de que la perra había sido expulsada de la agencia.

Debido a que los perros pueden detectar alrededor de 19.000 olores explosivos, los futuros olfateadores de bombas de la CIA se enfrentan a un curso de entrenamiento de seis semanas y siete días a la semana en el que aprenden a identificar amenazas. Y después los perros se someten a un entrenamiento individual durante 10 semanas con sus adiestradores.

Un graduado exitoso aprende a detectar explosivos en automóviles y equipaje. La semana laboral canina de 60 horas, parte de una carrera que normalmente dura siete u ocho años, puede incluir turnos con la Policía de Parques de los Estados Unidos, los departamentos de policía locales y la Administración de Control de Drogas.

Lulú tenía un año y medio, llegó a la CIA procedente de Susquehanna Service Dogs, era la más pequeña de seis perros de su clase y estaba siendo entrenada para el Departamento de Policía del Condado de Fairfax, en Virginia”, comenzó el comunicado.

Un psicólogo de perros fue traído para evaluar la situación. Se proporcionaron descansos, golosinas y descanso adicionales. Pero tampoco funcionó. Claramente, este no era el plan de vida que Lulú había previsto para sí misma, y eso está bien”, completó la CIA.

En cualquier caso, Lulú pronto tuvo un nuevo hogar: fue adoptada por su adiestrador, y ahora pasa su tiempo desempleada "oliendo conejos", pasando el rato con otro perro llamado Harry y disfrutando de sus días rodeada de amor y divirtiéndose con los hijos de su dueño.