El gatito callejero y de mal aspecto que solo buscaba ser amado

La vida para este gatito callejero había sido un torrente de mala suerte y dolor. Cuando llegó por primera vez a un complejo de apartamentos, todas las puertas estaban cerradas para él. Las únicas palabras que se le decían eran groserías, y hasta se le hacía todo lo posible por evitarlo.

A este gato se lo conocía en el vecindario con el nombre de “Feo”, y ciertamente no era una vista bonita para contemplar, ya que la desgracia había dejado su marca permanente en su cuerpo delgado y mal formado.

Teniendo en cuenta su apariencia, tal vez no era de extrañar que los residentes lo evitaran a toda costa y aconsejaran a sus hijos que se mantuvieran bien alejados. Pero su apariencia también tenía otras historias que contar. Por ejemplo, Feo no tenía dos ojos, sino uno solo, ya que el otro lo había perdido seguramente en alguna pelea.

Pero no solo era su apariencia lo que generaba el rechazo de las personas. Sus actitudes callejeras también eran mal vistas por los vecinos, ya que Feo siempre rebuscaba entre la basura en busca de su próxima comida, su forma de caminar y sus peleas constantes provocaban que la gente se alejara.

A pesar de todo, Feo era amistoso y un gato bueno. En muchas oportunidades se acercaba a las personas para jugar y mostrar su afecto, pero enseguida lo alejaban.

Un día, Feo se encontró en una situación peligrosa en la que mantuvo una pelea con un grupo de perros de raza Husky. Pero Feo no quería pelear, solo quería hacer nuevos amigos. Sin embargo, no fue bien recibido por los perros y terminó herido. Parecía que eran sus últimos momentos de vida.

El vecino vio todo lo ocurrido y salió en defensa del pobre gatito, que terminó tendido en el piso y lleno de sangre. Rápidamente, este hombre, que era el único que se preocupaba por el gatito, lo llevó a una clínica.

Hasta ese momento, este hombre no conocía muy bien a Feo, y no sabía que era cariñoso. Por ese motivo, quedó sorprendido cuando en la clínica Feo le lamió una oreja en señal de agradecimiento y cariño. Si bien este gatito estaba muy mal de salud por tantos años de mala vida, todavía tenía sensibilidad y solo quería ser comprendido.

Este hombre lo cubrió entre sus manos para darle protección y el calor que no había tenido tal vez nunca en su vida. Ese fue el último aliento de Feo.

El vecino reflexionó en qué tan mal habrá tratado la gente a Feo durante tantos años. Por lo que consideró el gran valor de tener un alma noble y amar sin condiciones y con sinceridad.

Solo sirve amar desinteresadamente y sin mezquindad. Y comprender que a veces los animales también tienen problemas, como le sucedió a este gatito.