Este pequeñito nació sin sus patas delanteras, pero su dueña nunca se dio por vencida para verlo correr libremente

Algunas veces, la naturaleza hace de las suyas. Este perrito nació sin sus patas delanteras, pero esto no le impediría ser feliz. Una mujer decidió adoptar al pequeño Turbo, un Chihuahua adorable que inmediatamente se ganó su corazón.

La mujer trabajaba en una clínica veterinaria, en donde un buen día llegó Turbo. Ella señala que al verlo tan pequeño, indefenso, le inspiró ternura y se enamoró perdidamente de él. Cuando conoció al pequeño Turbo, él solo tenía 6 semanas de haber nacido. Al parecer, su anterior dueña no podía cuidarlo, pues los hermanos de Turbo lo rechazaron.

A pesar de la situación, el perrito se mantenía contento y con muchas ganas de vivir. La chica que lo adoptó, Ashley Looper, comenzó a idear una forma para que Turbo pudiera correr como otros perros. En un principio, se dirigió a compañías que se dedicaban a fabricar carretas especiales para perritos a los que les faltan sus patitas.

Sin embargo, estas compañías no fabricaban carretas tan pequeñas, por lo cual, Turbo aún no podría correr. Pero por fortuna, su dueña no se daría por vencida, y ella misma fabricó sus propias ruedas y carreta. Su primera carreta estaba hecha con una parte de un juguete de helicóptero. Y así, Ashley estuvo diseñando carretas por cuenta propia para Turbo.

Este perrito nació sin sus patas delanteras, pero nada le impediría ser feliz

Después de un tiempo, Ashley se contactó con un ingeniero aeroespacial, el cual consiguió diseñar un buen modelo de carretas para Turbo. Al principio, el perrito no se adaptaba bien a las ruedas, y no corría. Pero tras ver a otros perritos corriendo, empezó a hacerlo también, y fue cuando finalmente corrió y era imparable.

No obstante, el diseño podía ser mejorado, y así fue, ahora Turbo tenía nuevas y mejoradas ruedas que probar. Poco a poco, se adaptó bastante bien y corría con gran rapidez y fluidez, al igual que otros perritos. Después de un año, Ashley adoptó a Ruby, otra pequeña a la que le faltaban sus patas delanteras.

Ambos perritos se llevaron estupendamente bien desde el comienzo, y eran inseparables. Había una gran afinidad entre Turbo y Ruby, pues al fin tenían el placer de conocer a otro perrito que era diferente a los demás. Por supuesto, Ruby también obtuvo sus propias ruedas, y ambos son ahora imparables. Para Ashley, adoptar a estos perritos ha sido una gran bendición, pues la inspiran cada día.