Joven rescatista salva a una perrita y sus cachorritos en abandono a pesar de vivir con una familia

Corría el mes de febrero y la lluvia caía de manera frecuente, cuando Jefferson recibió una notificación en una de sus redes sociales, en la que una persona le hablaba sobre una perra llamada Sophie. Lo llamativo resultó que Sophie, si bien tenía una familia, salía a la calle a buscar comida.

Seguramente por ese motivo, al tener que vagar por las calles, Sophie terminó embarazada.

Cuando llegaron al lugar de rescate, la persona que solía alimentarla hacía varios días que no la veía, quizás tres o cuatro días. Debido a la infección causada por los gusanos, no se encontraba produciendo leche como debía, e incluso en varias de sus mamas en lugar de tener leche, le salía pus.

De acuerdo a lo que le dijeron a Jefferson cuando llegó al lugar de rescate, habían nacido ocho cachorros, aunque Jefferson solo llegó a rescatar a tres, por lo que seguramente los otros cachorritos no habrán sobrevivido a esa situación de abandono.

A pesar de los malos momentos, Sophie nunca perdió el cariño por los seres humanos. Como a los bebés se les hacía difícil mamar, tuvieron que convertirse nuevamente en padres sustitutos. A pesar de los esfuerzos para supera la infección y por la nutrición en la que estaban, dos de ellos murieron. Pero Pina siguió luchando y no quería irse de este mundo, ni dejar a su madre sola.

Dos meses después, esta historia fue completamente distinta: una vez que Sophie y Pina estuvieron recuperadas y sanas, se volvieron a ver. La situación en aquel momento ya era muy diferente, ya que ambas lucían bien, estaban alegres y felices de reencontrarse. Atrás habían quedado los días de peligro.

Era imposible contener las lágrimas luego de ver cómo el amor de madre no se apagó en Sophie, y en el momento en que volvió a ver a su pequeña hijita, ambas se reconocieron de forma inmediata. Las dos perras disfrutaron de una tarde de diversión juntas en la playa. Y vaya que Sophie estaba contenta, ya que con todo lo que hizo en la playa, demostró toda su actitud de felicidad.

Pina aprendió, con sus papás humanos, lo que es el amor de verdad. Creció en una cama calentita donde nunca le faltó comida. Creció confiada y con un carácter bastante singular: no le gusta que la pongan panza arriba y menos aún que le den gran cantidad de besos. En todo el sentido de la expresión, Pina tenía pocas pulgas.

Ahora, Sophie y Pina son muy felices, e incluso jamás volverán a conocer lo que es el maltrato animal.

Pina encontró un hogar donde la aman, mientras que Sophie todavía espera correr con la misma suerte que su pequeña hijita, aunque tendrá que esperar un tiempo, ya que necesita hacer quimioterapia.