La espera interminable de un perro frente a la puerta de la casa donde vivía

Todo es válido cuando una mascota extraña demasiado a su dueño. Además de sentir uan profunda tristeza, un perro es capaz de recorrer durante días y meses el vecindario donde solía pasear con su dueño, quedarse esperando en la puerta de la casa donde vivía y hasta dejar de comer o soportar la dura vida de las calles.

Este perrito no había visto a su dueño por mucho tiempo, así que su desesperación y tristeza aumentaban día a día. El perro llevaba 10 días esperando en el edificio donde vivió. Ha seguido esperando a su dueño con mucha paciencia, sin alejarse del lugar.

Pero pasaron 10 días y su dueño no aparecía. Cuando oyó a alguien afuera, preguntándose si era el abuelo, salió a comprobarlo, pero no era el hombre.

Entonces, se propuso esperar hasta que regresara, sin importar el tiempo. “¿Pero a dónde fue mi dueño?”, se preguntaba el perrito. Aunque no lo sabía, su dueño, que es un anciano enfermo, estaba internado en un hospital, tratando de recuperar su salud.

El hombre tiene más de 90 años y los vecinos comenzaron a buscar dónde estaba internado. ¡Después de buscar, encontraron el hospital en el que estaba! Sin embargo, después de verlo, se dieron cuenta de que el hombre no estaba lúcido y que en ese estado no podía hacerse cargo del perro. No tenía memoria y su físico estaba muy deteriorado.

El anciano tenía un trastorno cognitivo, pero sin embargo, cuando le mostraron una foto de Jang-gun, lo pudo reconocer rápidamente.

Para que el abuelo vuelva a casa, necesitarán observar su progreso durante un año. Es por eso que decidieron que sería una buena sorpresa para ambos que Jang-gun fuera al hospital a visitar a su dueño. Y así lo hicieron.

El perro llegó muy contento al hospital y ambos se reconocieron rápidamente, lo que demuestra que el amor y los buenos momentos no se borran tan fácilmente con el tiempo.

Se desconoce cuándo será dado de alta del hospital. Pero mientras tanto, Jang-gun fue puesto en adopción, ya que se merece tener una familia que lo proteja y lo mantenga feliz. Y tal vez, en un futuro, pueda volver a reencontrarse con su dueño.