La perra que no podía parar de llorar

Adele, una perra de cinco años, nació en un pequeño pueblo de montaña en Bulgaria. El primer contacto de Adele con el mundo no fue de lo mejor, ya que conoció lo que es la brutalidad humana. Su dueño, una persona cruel y extraña, le cortó las orejas con una cuchilla oxidada.

El resultado fue una infección que ella llevó durante años. No pasó mucho tiempo hasta que un vecino vio su condición desesperada y la rescataron. Adele era una hermosa perra con una apariencia imponente y un maravilloso carácter, pero algo no estaba del todo bien con sus patas.

Adele era incapaz de caminar correctamente. Siempre que trataba de hacer un par de pasos, el dolor era demasiado y se sentaba, llorando. Un dolor insoportable que no la dejaba vivir en paz.

Adele fue trasladada de Bulgaria a Alemania, a un centro de rescate en Munich, donde sería atendida por uno de los mejores cirujanos traumatólogos. El diagnóstico fue demoledor. Adele tenía luxación de tercer grado de doble rótula así como deformidades bilaterales en ambos fémures que derivarían en una artrosis.

El veterinario sugirió la eutanasia. Pero Adele quería vivir, así que volvió a Bulgaria, donde después de varios meses pudo ser operada y su recuperación fue un éxito. Adele ya no volverá a sufrir.