Mujer se idea un plan para rescatar a dos perros “con familia” pero en abandono total

La crueldad canina se define a menudo como infligir dolor y sufrimiento innecesario a nuestros perros. Las leyes de crueldad canina difieren ampliamente de un país a otro, e incluso pueden variar de un estado a otro en los Estados Unidos. La mayoría de las leyes de crueldad canina solo tratan situaciones de violencia física extrema contra un perro, que pueden resultar en heridas graves o incluso la muerte.

Otra clase de leyes de crueldad canina tratan la negligencia extrema por parte del dueño del perro. Esto incluye el no proveer ciertas necesidades básicas, incluyendo comida adecuada, refugio y atención veterinaria.

Creemos que la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que todas estas acciones caen bajo el paraguas de la crueldad canina.

A veces, un perro puede tener que pasar por dolor o sufrimiento, como resultado de problemas de salud o tener que pasar por varias cirugías dolorosas.

En general, la mayoría de nosotros no consideraría que el dolor a corto plazo causado por el tratamiento médico sea crueldad canina.

Una mujer, llamada Sara, encontró al costado de un camino una casa en donde había dos perras amarradas. Claramente estaban en una mala situación ambas perras, por lo que por un momento Sara pensó que estaban abandonadas. Pero no fue así.

Las dos perras tenían dueño, quien evidentemente no se preocupaba demasiado por sus mascotas, ya que las tenía atadas, sin comida y bebiendo solo agua contaminada. Viendo esto, Sara supo que tenía que hacer algo para ayudar a aquellos dos animalitos.

Sus amigos le aconsejaron que se los robara, pero ella no lo hizo. En su lugar, ideó el plan perfecto: salió a trotar todos los días, durante dos meses. Cada día les llevaba comida deliciosa y agua refrescante.

Se acercó con cuidado para ganarse su cariño y respeto, hasta que lo logró. La familia se cansó de las repetidas visitas de la chica y de que los perros mejoraran.

Una vez en su casa, advirtió que eran dos perras, madre e hija. Después de un paseo por las montañas, las puso en adopción, con la única condición de que fueran adoptadas juntas, para que no estuvieran nunca más separadas y pudieran darse el amor que no pudieron darse al estar tanto tiempo atadas.

Hoy, son felices con su nueva familia. Y aunque el maltrato animal todavía continúa en todo el mundo, la concientización global es muy fuerte y cada vez aparecen más Saras dispuestas a ayudar a animales en problemas.