Recuperando a una perrita luego de 50 días en depresión por la partida de su único amigo

Los perritos, sin duda alguna, no son muy diferentes de nosotros los humanos. Ellos sienten alegría, emoción, tristeza y mucho más. Conoce cómo esta perrita cae en depresión después de que su amigo canino fallece. Su actitud cambia por completo y sus cuidadores hacen todo lo posible por animarla.

Al igual que los seres humanos, los perros pueden hacer mejores amigos, con los cuales querrán jugar y pasar la mayor parte del tiempo. No obstante, si por alguna razón deben separarse de un amigo, o este fallece, es posible que caigan en depresión, tal como podría pasar con cualquier ser humano.

Esto mismo le ocurrió a Olmang, una perrita que sentía un enorme cariño por su amigo Wol, el cual falleció de manera repentina. Nadie se esperaba que Wol partiera de este mundo, y quien más salió afectada fue Olmang. Tras la pérdida de su mejor amigo, esta perrita cayó en depresión. Se le veía notablemente afectada, y evitaba el contacto visual con sus cuidadores.

Sus cuidadores intentan mantenerla animada, pero la perrita cae en depresión tras perder a su amigo

Olmang de pronto empezó a dejar de comer, y ya no quería salir de su caseta para perros. Cuando sus cuidadores se acercaban, ella se limitaba a estar dentro de su caseta, acurrucada y evitando el contacto visual. A pesar de los intentos por alimentarla, ella se negaba, pues se sentía triste y sola.

Fue entonces que a uno de sus cuidadores se le ocurrió actuar como un perro, para lo cual se puso un largo cono como simulando un hocico. Los perros se animan los unos a los otros levantando el hocico, como una forma de animarlos a hacer algo. Esto mismo lo intentó el hombre, pero no obtuvo éxito. Omlang continuaba sin reaccionar.

Finalmente, decidieron sacarla de la caseta y llevársela a otro lugar para poder ayudarla mejor. Para ello, una mujer pasó la noche junto a Omlang, le ofreció comprensión y mucho amor. Al amanecer, se le proporcionó comida, y la perrita comió bastante bien. Ella por fin comenzó a comprender que no estaba sola, y que a pesar de su pérdida, podría continuar adelante.

Sin duda, esta historia nos demuestra que los perritos sienten profundamente, y sus sentimientos y emociones pueden ser tan intensos como los nuestros. Esperamos que Omlang pueda encontrar un nuevo amigo, y aunque no podrá reemplazar a Wol de ninguna forma, sí que podrá hacerla feliz.