Salvan de las calles a perrita aterrada por el contacto humano

Una perrita callejera, llamada Lilac, fue rescatada para su rehabilitación, pero quería ser invisible ante la presencia de humanos. Esta actitud es común en perros callejeros. Se trata de una incapacidad emocional, que se deriva de la soledad y las difíciles circunstancias que han tenido que enfrentar para sobrevivir.

Lilac, andaba solitaria en las afueras de una escuela elemental, por lo que los rescatistas se presentaron en su ayuda. Sin embargo, el temor de Lilac era indescriptible. Los rescatistas intentaban atraparla, pero ella estaba muy nerviosa. Tras la lucha por rescatarla se tranquilizó, aunque estaba aterrada de ser tocada.


© Foto: YouTube / El Dodo

Lilac temía al contacto con los humanos

Tras ser rescatada, Lilac fue aseada, bañada y acariciada en busca de confianza, pero ella evitaba cualquier contacto. “Ella solo quería estar en esa esquina. Y desaparecer. Solo quería ser invisible, porque ha tenido que ser invisible para sobrevivir”, comenta Narra Farren Mahone, entrenadora de Lilac. Vivió solitaria en las calles durante tanto tiempo que no confiaba en ningún humano.

“No sabía por qué los humanos intentaban comunicarse con ella de una manera positiva, saludable y amable”, comenta Mahone. No fue fácil convencerla de que una relación humana puede llevarla a un nivel alto de libertad amor y sanación, llevó meses y meses de trabajo. Al pasar el tiempo, Lilac comenzó a dejar ir sus miedos.

“A los dos meses de estar trabajando con ella, una amiga mía había mencionado que quería un perro. Y yo dije, bueno, tengo esta perrita llamada Lilac. Así que Tanja viene y su comportamiento es muy tranquilo. Salimos y Tanja se arrodilla y Lilac la mira. Viene y la toca en el brazo con su nariz. Lilac nunca había tocado a nadie antes. Y cuando tocó a Tanja esa fue su manera de decir "estoy lista, estoy lista para esta relación. Esta es mi persona”, comenta satisfecha su entrenadora.

Ahora, Lilac disfruta de su nuevo hogar, disfruta corretear junto a sus compañeros canes e ir de paseo por el campo con su humana. Es, sin duda, una forma de vivir totalmente diferente. El amor que le ha proporcionado Tanja le ha devuelto la confianza y la alegría, le ha devuelto la vida. Es lo mínimo que merece todo ser.

Cada ser que ha tenido un trauma, quiere ser amado y seguir adelante. No quieren ser tratados como si estuviesen dañados y Tanja nunca la trató de esa manera. Como resultado, ahora tienen esa vida hermosa”, concluye Mahone.