Su dueño era un anciano que enfermó de Alzheimer olvidando que tenía una mascota y así la encontraron

Algunas personas cuando llegan a cierta edad pierden todas sus facultades. Esto le sucedió a un hombre mayor que vivía solo, el cual tenía Alzheimer. Este hombre tenía una gatita hermosa llamada Hidey. Lamentablemente, a causa de su enfermedad, el anciano dejó de cuidar a su gata, dejándola en un estado deplorable.

Cuando el anciano ya no podía valerse por sí mismo, su familia se vio en la necesidad de llevarlo a un asilo en donde recibiría toda la atención y los cuidados necesarios. La casa del anciano quedó sola, y un pariente lejano de este, el cual se llamaba Paul, recordó que allí había una gatita. Debido a esto, decidió visitar la casa para averiguar qué había sido de ella.

Al llegar a la casa, buscó a la gata por cada rincón de la vivienda sin mucha suerte. La buscó bajo las mesas, en el jardín, pero no daba con la pequeña. Cuando estaba en una de las habitaciones de la casa, Paul se percató de que un extraño animal salía de debajo de la cama. Al principio el hombre sintió algo de miedo, pues no se parecía a ninguna otra cosa que hubiera visto antes.

Dejó de cuidar a su gata, quedando esta totalmente irreconocible

El extraño animal corrió directamente al sótano y se ocultó en una esquina. Paul lo siguió con una linterna, y al acercarse descubrió la horrible verdad. Aquello no era más que Hidey, la gata del anciano que perdió la memoria por el Alzheimer. Paul pensó que la gata estaba cubierta por una manta, pero no podría estar más equivocado. La pequeña estaba irreconocible, pues su pelaje formaba enormes rastas.

El hombre inmediatamente tomó a la gata y la llevó a un centro de rescate animal, en concreto al Animal Rescue League and Wildlife Shelter. Allí, los veterinarios señalaron que jamás habían visto algo similar. La gatita estaba realmente asustada y temblaba mucho. Tuvieron que anestesiarla para cortarle el pelo y librarla de su tormento. El pelo que se le quitó pesaba casi un kilo.

Sin duda alguna, Hidey sufría mucho, pues el pelaje impedía que se moviera fácilmente. Por fortuna, Paul se acordó de ella y logró rescatarla. Ahora Hidey vive con Paul y es muy feliz junto a su nueva familia. No obstante, a veces recuerda su pasado y se oculta bajo la cama, aunque poco a poco lo ha estado superando, demostrando más confianza y alegría.